Cada año aparecen nuevos métodos de ataque, herramientas basadas en inteligencia artificial y campañas de phishing más sofisticadas. Sin embargo, uno de los principales problemas de ciberseguridad sigue siendo el mismo: el uso de contraseñas débiles y fáciles de adivinar.
El más reciente ranking de las claves más utilizadas durante 2026 vuelve a demostrar que millones de personas continúan confiando en combinaciones extremadamente predecibles, facilitando el trabajo de los ciberdelincuentes.
Las contraseñas que nunca deberías utilizar
Las listas de contraseñas comprometidas mantienen prácticamente los mismos nombres año tras año. Entre las más repetidas aparecen secuencias numéricas como 123456, 123456789 o 0000, además de palabras genéricas como password, contraseña, admin o bienvenido.
A ellas se suman combinaciones basadas en el teclado, como qwerty o asdfgh, y datos personales que muchas personas consideran “fáciles de recordar”: fechas de nacimiento, nombres de mascotas, RUT o años importantes.
El problema es que este tipo de información suele ser la primera que prueban los atacantes mediante herramientas automatizadas capaces de intentar miles de combinaciones en pocos segundos.
Una contraseña comprometida puede abrir muchas puertas
Cuando una clave es descubierta, el riesgo no se limita únicamente a una cuenta.
Muchos usuarios reutilizan la misma contraseña para el correo electrónico, redes sociales, plataformas de trabajo e incluso servicios bancarios. Esto permite a los delincuentes aplicar técnicas conocidas como credential stuffing, donde prueban automáticamente credenciales filtradas en múltiples plataformas hasta encontrar accesos válidos.
Por eso, una filtración aparentemente menor puede convertirse en la puerta de entrada a información personal, documentos, cuentas corporativas o servicios financieros.
Las frases de paso ganan terreno
Frente a las contraseñas tradicionales, los especialistas recomiendan utilizar frases de paso (passphrases).
En lugar de una palabra corta acompañada de algunos números, una frase larga resulta mucho más difícil de vulnerar y, al mismo tiempo, suele ser más sencilla de recordar para el usuario.
Por ejemplo, una clave como:
PuertoMontt2026
es mucho más predecible que una frase del tipo:
MeGustaDibujarDeNoche12*
No se trata de copiar ese ejemplo, sino de construir una frase propia, extensa, con palabras poco relacionadas entre sí e incorporando mayúsculas, números y símbolos.
Diez buenas prácticas para crear contraseñas más seguras
Más allá del formato elegido, existen recomendaciones básicas que siguen siendo fundamentales:
- Utilizar contraseñas largas, idealmente de 12 caracteres o más.
- Combinar letras mayúsculas, minúsculas, números y símbolos.
- Evitar palabras que aparezcan en diccionarios.
- No utilizar información personal fácilmente obtenible.
- Crear una contraseña distinta para cada servicio.
- Activar la autenticación multifactor (MFA) siempre que esté disponible.
- Utilizar un gestor de contraseñas para almacenar credenciales de forma segura.
- Revisar periódicamente si alguna contraseña ha sido comprometida.
- Cambiar inmediatamente las claves cuando exista una filtración confirmada.
- Nunca guardar contraseñas en notas visibles, archivos sin protección o papeles al alcance de terceros.
La autenticación multifactor ya no es opcional
Incluso una contraseña robusta puede verse comprometida mediante phishing o filtraciones de datos.
Por ello, el segundo factor de autenticación se ha convertido en una de las barreras más efectivas para impedir accesos no autorizados. Un código temporal, una aplicación autenticadora o una llave de seguridad física pueden marcar la diferencia entre un intento frustrado y una cuenta comprometida.
La seguridad comienza con hábitos simples
Las organizaciones invierten cada vez más en tecnologías de protección, monitoreo y respuesta frente a incidentes. Sin embargo, muchas brechas continúan iniciándose con una contraseña vulnerable.
En Lockbits creemos que la ciberseguridad también se construye fortaleciendo los hábitos digitales de las personas. Revisar periódicamente las credenciales, utilizar claves únicas y activar mecanismos adicionales de autenticación son medidas simples que reducen
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