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La IA descubre vulnerabilidades más rápido que nunca. ¿Podremos solucionar los riesgos tiempo?

Durante décadas, el descubrimiento de vulnerabilidades de software ha dependido en gran medida del trabajo de investigadores humanos. Ese modelo está cambiando rápidamente con la incorporación de inteligencia artificial capaz de analizar grandes volúmenes de código, identificar patrones y detectar fallas a una velocidad que difícilmente puede igualar un equipo tradicional.

El resultado plantea una pregunta que comienza a ganar relevancia en la industria: ¿estamos entrando en una etapa de crecimiento acelerado de vulnerabilidades descubiertas que, eventualmente, podría llevar a una reducción significativa de nuevos hallazgos?

La velocidad del descubrimiento está cambiando

La presión sobre los equipos de ciberseguridad ya es evidente en el volumen de vulnerabilidades que deben analizar y corregir. Una muestra reciente aparece en los parches publicados por Microsoft durante los últimos meses. En abril de 2026 se registraron 169 CVE; en mayo, 118; junio acumuló 571 vulnerabilidades y julio alcanzó 622, incluyendo en este último caso vulnerabilidades de día cero explotadas activamente.

A este escenario se suma una capacidad de investigación que está evolucionando con rapidez gracias a la IA. Durante Black Hat USA 2026, el profesor asociado Yan Shoshitaishvili, de la Universidad Estatal de Arizona, presentó investigaciones sobre el uso de modelos de inteligencia artificial para descubrir vulnerabilidades de software.

Uno de los casos utilizados como referencia fue Claude Mythos, de Anthropic, que habría identificado 479 vulnerabilidades en el kernel de Linux. El equipo de Arizona, utilizando generaciones anteriores de modelos GPT, había encontrado alrededor de 300.

La diferencia no estuvo únicamente en el modelo utilizado, los investigadores analizaron los flujos de trabajo empleados por Mythos y los incorporaron a otros modelos GPT. Con esta metodología consiguieron detectar aproximadamente 600 vulnerabilidades y, posteriormente, al entrenar los modelos utilizando características de vulnerabilidades conocidas, llegaron a identificar cerca de 1.000.

El ritmo alcanzó tal magnitud que el equipo comenzó a tener dificultades para mantener al día el proceso de documentación de los hallazgos. Y aquí existe una diferencia importante: descubrir una vulnerabilidad es solo una parte del trabajo, la investigación también requiere analizar el problema, documentarlo y proponer una solución.

El desafío no termina al encontrar una vulnerabilidad

El aumento de la capacidad de descubrimiento introduce una dificultad adicional para quienes deben gestionar esos hallazgos. Los equipos de seguridad ya enfrentan dificultades para evaluar, priorizar, probar y aplicar parches oportunamente. Si el número de vulnerabilidades identificadas aumenta de manera acelerada, las organizaciones podrían encontrarse ante dos escenarios igualmente complejos.

El primero sería acumular una mayor cantidad de software vulnerable sin corregir, ampliando las oportunidades para que los atacantes aprovechen fallas conocidas.El segundo sería acelerar la aplicación de parches sin contar con suficiente tiempo para realizar pruebas. Esto podría generar problemas de compatibilidad y afectar el funcionamiento de sistemas productivos.

Por eso, una mayor capacidad para encontrar vulnerabilidades no necesariamente significa que las organizaciones estarán automáticamente más protegidas. La capacidad de remediación debe evolucionar al mismo ritmo que la capacidad de descubrimiento.

¿Podría existir un punto máximo?

La evolución de la IA también abre una posibilidad diferente. Durante años, el descubrimiento de vulnerabilidades realizado por personas ha mantenido un crecimiento sostenido. Existen más investigadores, más software y mayores incentivos para encontrar fallas mediante iniciativas como los programas de bug bounty. La inteligencia artificial podría representar un cambio de escala.

Los resultados obtenidos por el equipo de Arizona muestran que modificar los modelos y, especialmente, sus flujos de trabajo puede aumentar considerablemente la cantidad de vulnerabilidades encontradas. Esto significa que la capacidad actual de estos sistemas todavía puede continuar evolucionando, pero existe otra variable: el software que ya existe.

Durante las últimas décadas se han desarrollado enormes cantidades de aplicaciones, sistemas operativos y componentes que continúan utilizándose en versiones antiguas o heredadas. Analizar manualmente todo ese código sería una tarea prácticamente inabarcable.

La IA podría permitir avanzar sobre ese universo de software de una manera que antes no era posible. Si en algún momento los modelos consiguen identificar una parte significativa de las vulnerabilidades presentes en ese software, el volumen de nuevos descubrimientos podría comenzar a estabilizarse. En ese escenario, las mejoras dependerían principalmente de la capacidad de los modelos para encontrar fallas que las generaciones anteriores no fueron capaces de detectar.

El software nuevo también cambia las reglas

El impacto de la IA no se limita a buscar vulnerabilidades en software existente. Las mismas capacidades utilizadas para encontrar fallas pueden incorporarse durante el desarrollo de nuevas aplicaciones. Los equipos podrían utilizar modelos de IA para analizar código antes de su lanzamiento, identificar posibles vulnerabilidades y corregirlas durante las primeras etapas del desarrollo.

A medida que estas herramientas mejoren, la seguridad podría incorporarse cada vez más temprano en el ciclo de desarrollo. Esto plantea un escenario interesante: mientras la IA aumenta la capacidad para encontrar vulnerabilidades existentes, también podría ayudar a evitar que nuevas fallas lleguen a producción.

El resultado dependerá de qué tan rápido evolucionen ambas capacidades: la generación de código y la capacidad para encontrar sus errores.

¿Menos vulnerabilidades o una nueva etapa de descubrimiento?

Todavía no existe una respuesta definitiva. Por un lado, la capacidad de la inteligencia artificial para analizar software está aumentando rápidamente y ya permite descubrir vulnerabilidades a una escala que habría sido difícil de alcanzar exclusivamente mediante investigación humana. Por otro, todavía existe una enorme cantidad de software heredado por analizar, mientras que constantemente se desarrollan nuevas aplicaciones y componentes.

Por eso, es posible imaginar un futuro en el que la IA provoque primero un crecimiento significativo en el descubrimiento de vulnerabilidades y, posteriormente, una estabilización a medida que los sistemas existentes sean analizados y las nuevas aplicaciones incorporen capacidades automatizadas de detección y corrección. Pero también es posible que la mejora continua de los modelos permita encontrar nuevas categorías de fallas durante mucho tiempo. Lo que sí parece claro es que la gestión de vulnerabilidades ya no puede depender únicamente de la capacidad humana para identificar y corregir fallas una por una.

La inteligencia artificial está modificando la velocidad a la que se descubren vulnerabilidades. El próximo desafío para las organizaciones será conseguir que sus procesos de evaluación, priorización, corrección y monitoreo sean capaces de responder a esa nueva velocidad.

La ciberseguridad frente a una nueva realidad

La inteligencia artificial podría transformar radicalmente la forma en que descubrimos y corregimos vulnerabilidades. Si bien todavía es pronto para saber si esta evolución terminará reduciendo el número de fallas o, por el contrario, provocará un aumento sostenido de nuevos hallazgos, una cosa sí parece clara: las organizaciones deberán adaptar sus estrategias de gestión de vulnerabilidades a una velocidad que los procesos tradicionales difícilmente pueden sostener.

La capacidad de identificar vulnerabilidades más rápido también exige mejorar la capacidad de priorizarlas, corregirlas y evaluar su impacto. En este escenario, contar con visibilidad sobre los activos, mantener los sistemas actualizados y establecer procesos de respuesta eficientes será cada vez más importante.

En Lockbits ayudamos a las organizaciones a anticiparse a las amenazas y fortalecer su postura de ciberseguridad mediante soluciones y estrategias adaptadas a sus necesidades.

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