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¿Prueba o engaño? El riesgo de confiar en una captura de pantalla

Una captura de pantalla puede mostrar un pago, una conversación, una reserva o incluso una supuesta confirmación bancaria. El problema es que mostrar algo en una imagen no demuestra que haya ocurrido realmente.

La facilidad con la que hoy pueden editarse imágenes, sumada al desarrollo de herramientas de inteligencia artificial generativa, está haciendo que este tipo de evidencia sea cada vez menos confiable. Para personas y organizaciones, esto plantea un desafío concreto: aprender a distinguir entre una representación de información y una confirmación auténtica.

Una imagen no es el registro original

Una captura de pantalla únicamente registra lo que apareció en una pantalla en un momento determinado. No permite saber, por sí sola, quién la creó, si fue modificada o si aquello que muestra corresponde efectivamente a una operación real.

Por ejemplo, una imagen puede mostrar una transferencia bancaria aparentemente exitosa. Puede incluir el logo de la institución, el monto, una fecha y un número de operación. Sin embargo, ninguno de esos elementos garantiza que el dinero haya sido transferido.

La diferencia está en la fuente.

Los registros originales de una plataforma, los comprobantes verificables, los identificadores de transacción o la información obtenida directamente desde el servicio involucrado ofrecen un nivel de confianza muy superior.

Por eso, una captura puede ser útil como antecedente o punto de partida para una investigación, pero no debería considerarse una confirmación definitiva.

La inteligencia artificial facilita las falsificaciones

La manipulación de capturas no es algo nuevo. Sin embargo, las herramientas disponibles actualmente han reducido considerablemente la dificultad necesaria para generar contenido visual convincente.

Una persona puede modificar elementos de una interfaz, alterar conversaciones, cambiar montos o crear desde cero una imagen que imite el aspecto de una plataforma legítima.

Esto amplía el problema. Una captura falsa ya no necesariamente presenta errores evidentes que permitan identificarla a simple vista.

El riesgo aumenta cuando la persona que recibe esa imagen tiene incentivos para confiar rápidamente en ella.

Cómo pueden utilizarse las capturas falsas en una estafa

Los escenarios son diversos y no se limitan a las transferencias bancarias.

Supuestos pagos

En una compraventa online, un supuesto comprador puede enviar una captura que aparenta demostrar que realizó una transferencia. Si el vendedor entrega el producto antes de comprobar el movimiento en su propia cuenta, puede terminar perdiéndolo sin recibir el dinero.

También puede ocurrir lo contrario: el estafador presenta una imagen que supuestamente demuestra que existe un problema con el pago y solicita un cargo adicional para solucionarlo.

Reservas y reembolsos

Una captura también puede utilizarse para aparentar que existe una reserva de hotel, un pasaje aéreo o un reembolso que nunca se realizó.

En estos casos, la imagen busca entregar legitimidad a una historia que no tiene respaldo en los sistemas reales.

Inversiones falsas

Otro escenario aparece en plataformas y grupos relacionados con inversiones.

Capturas que muestran supuestas ganancias, saldos millonarios o movimientos exitosos pueden utilizarse para convencer a otras personas de que una determinada inversión es legítima.

La imagen funciona como elemento de confianza, aunque los resultados mostrados nunca hayan existido.

Suplantación de identidad

Las capturas de conversaciones también pueden utilizarse para hacerse pasar por otra persona.

Una imagen que aparenta mostrar una conversación con un jefe, cliente o proveedor podría utilizarse para justificar una solicitud de pago, entregar información o realizar alguna otra acción.

En una organización, este tipo de engaño puede tener consecuencias mucho más graves que una simple pérdida económica.

El problema también afecta a las empresas

Para las organizaciones, el desafío no termina en los fraudes dirigidos a sus clientes.

Los equipos de atención, pagos, soporte y prevención de fraude pueden recibir capturas como supuesta evidencia de que una transacción ocurrió, un reembolso fue aprobado o un producto fue pagado.

Si la empresa acepta esa información sin realizar una comprobación adicional, puede terminar entregando productos, devolviendo dinero o modificando información de una cuenta basándose en un hecho que nunca ocurrió.

Incluso cuando el fraude es detectado, existe un costo operacional: alguien debe investigar el caso, revisar registros, consultar sistemas y determinar qué sucedió realmente.

El riesgo puede ser todavía mayor cuando la captura se utiliza internamente.

Una imagen que aparenta mostrar la aprobación de un ejecutivo, por ejemplo, podría utilizarse para autorizar un pago urgente o solicitar información sensible.

El problema de fondo es tomar una decisión irreversible a partir de una evidencia que no fue validada.

¿Cómo verificar si algo realmente ocurrió?

La regla más importante es sencilla: no validar una operación únicamente a partir de una captura de pantalla.

Si alguien afirma haber realizado un pago, la comprobación debe hacerse directamente en la cuenta bancaria o plataforma correspondiente.

Si se trata de una reserva, debe confirmarse con el proveedor.

Si hablamos de un reembolso, hay que verificarlo en el sistema de origen.

Y si una conversación tiene implicancias relevantes, es preferible acceder al mensaje o registro original en lugar de confiar exclusivamente en una imagen compartida.

Además, cualquier contacto con una institución debe realizarse mediante sus canales oficiales. No es recomendable utilizar teléfonos, enlaces o direcciones entregadas dentro de la misma comunicación que se intenta validar.

Qué deberían hacer las empresas

Las organizaciones pueden reducir considerablemente este riesgo incorporando procesos de verificación adicionales.

Entre las medidas que pueden implementar se encuentran:

  • Contrastar capturas con los sistemas de origen antes de aprobar pagos, reembolsos o entregas.
  • Solicitar información verificable, como identificadores de transacción o registros originales.
  • Integrar sistemas mediante API cuando sea posible, para consultar directamente información de plataformas externas.
  • Capacitar a los equipos que reciben este tipo de evidencias para que conozcan sus limitaciones.
  • Definir políticas claras de validación para operaciones sensibles.
  • Utilizar herramientas de análisis de imágenes o metadatos como apoyo para una investigación, pero sin considerarlas una prueba definitiva de autenticidad.

La clave está en establecer una separación entre lo que alguien afirma que ocurrió y aquello que los sistemas pueden confirmar que ocurrió.

Una captura puede orientar, pero no confirmar

Las capturas de pantalla siguen teniendo utilidad. Pueden ayudar a documentar un error, registrar información temporal o entregar a un equipo de seguridad una primera pista sobre lo ocurrido.

El problema aparece cuando se les atribuye un nivel de confiabilidad que no tienen.

En un escenario donde la manipulación digital es cada vez más accesible, la evidencia debe validarse desde una fuente que el supuesto emisor no pueda controlar.

Para las personas, esto significa detenerse antes de entregar dinero, productos o información. Para las empresas, implica incorporar mecanismos de verificación que eviten que una imagen pueda convertirse en la base de una decisión crítica.

La tecnología puede hacer que una falsificación parezca real. La seguridad comienza cuando comprobamos que realmente lo es.

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